miércoles, 14 de enero de 2015

Intersticios: IV - Carmen Brannon Vega

Cuando me escribas, dime
cómo se es valiente.
¡Fuera horroroso
morirme en la ingnorancia!
Carta/Ya me curé de la literatura. El soldado desconocido
Salomón de la Selva


¿Sabes cuál es la distancia entre el occidente y el oriente de tu país?
Lo que dura un verso escrito en un tren.

Los rieles melodiosos que atraviesan la vergüenza de la miseria,
las montañas formadas con las entrañas de los que mueren en las guerras,
el bajareque,
las piedras,
el cemento
siempre conducen a la inmortalidad.

¿Sabes cuál es la distancia entre un sueño y la existencia?
Lo que tarda componer un soneto en una estación.

El vagón que carga con tus recuerdos, signos y colores
vibra como una cigarra sobre los rieles.
y los viajeros se arrellanan en el olvido.

¿Sabes hacia dónde lleva el tren que abordaste sin mirar algún lado?
Hacia un soldado que sobrevivió a la barbarie
haciendo de las balas, sombras perversas.

¿Sabes por qué avanzas por un sendero de rosas y pájaros oscuros?

¿Sabes hacia dónde huye la ceniza y el hollín de la locomotora?

¿Sabes cuál es el nombre de la estación en la que vaciarás a tu espíritu,
como perfume de ciprés sobre la tez de la tierra?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Obsesión

Es una blasfemia para la muerte
erigir una ciudad de los cadáveres y los escombros.
No puede un brazo mutilado tornarse en un obelisco.
Los árboles no precisan de la dureza de los huesos.
De la sangre no manan sonrientes pájaros,
ni diminutas caravanas de juglares,
y en la noche, los ojos sin vida
no son espirales de luciérnagas iluminando los senderos.

Sobre el viciado asfalto yace el cadáver de un hombre:
Ni mariposas ni vapores coloridos brotan de él.

Remedios Varo

lunes, 18 de agosto de 2014

Isla

Bajo la arena, húmeda y cobriza,
está mi hogar.

Medusas radiantes son mis ojos,
algas crispadas forman mi cabello,
recios mangles son mis piernas,
y mis brazos, anguilas cimbreantes.

Mi nombre es esta isla pronunciada por delfines.
Mis labios son un sendero buscado por las gaviotas.
Mi alma, el arrecife de coral
que se extiende bajo el vaivén de la memoria.

Soledad con sombrero, Alicia de la Campa Pak

viernes, 15 de agosto de 2014

Destino

Pronto olvidaré el mar y sus cuevas,
los fosos insondables donde muere el rumor del colibrí.

También olvidaré el metal y el asfalto,
la inmensidad de brea que anega la hierba.

Olvidaré la tormenta y los escombros,
los fragmentos en el temblor de la memoria.

Olvidaré el trance de los puentes y los confines,
el alba y el crepúsculo.

Y en esa plenitud de olvido,
procuraré restaurar lo que aún palpita.

La llamada, Remedios Varo

domingo, 20 de julio de 2014

Carpe diem

Ella permanece en una vigilia
guarecida en el abismo de su piel.
Su noche ha durado cincuenta años
y ha olvidado como es vestirse
asistida por los brazos del sol de la mañana.

Cuando amanece,
ella teje un escondrijo con los hilos de su cabello.
Desciende por una lianas delgadas
y por una escalera de rosas y granito,
sin percatarse de la espesura en la que se adentra.

Sella con cera herviente sus labios
y vacía sus hermosos ojos castaños.
Graba su nombre sobre un ataúd de lama grumosa;
como una emperatriz atareada
que prepara antes del atardecer
la ceremonia de su muerte.

Al final de cada año, ella mira a través de una fotografía
colgada en un espejo
su cabellera de los ochentas sin tintes ni aromas quemantes,
sus manos sin heridas ni arrugas penosas, 
sus pies albinos e inmóviles sobre el asfalto
que desde entonces amenazaba 
en convertirla en una terrible oscuridad.

Les feuilles mortes, Remedios Varo